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Lecturas y escrituras.
Trabajos realizados por alumnos de Lengua y Literatura castellana del Instituto de Elorrio.

Archivo: Mayo 2008

30/05/2008 GMT 2

Mi querido hermano

vlok @ 12:42

Autor:Jorge Valdés Romo
Editorial: Recogido de Internet.

Sí, Conchita, lo has pensado y preparado durante mucho tiempo, no puedes fallar. ¿Cuántos años has estado esperando? Por fin te decidiste.

Llamas a tu hermano por teléfono y lo invitas a que él y María vengan a bañarse para pasar el calor de esta ardiente tarde del verano santiaguino. Sabes que ella no lo acompañará porque no soporta la piscina. A los pocos minutos suena el teléfono es él quién llama para confirmarte que vendrá solo, pues María tiene que hacer otras cosas. ¡Por fin se cumplirán todos tus deseos!
En traje de baño, te sientas en una silla de playa y piensas: “viene solo, esta es la oportunidad que he estado esperando, he repasado todos los detalles, no puedo fallar. ¿Cuánto me ha hecho sufrir con ese cuento de que me recogieron del río? Este infeliz, desde chica me ha amargado la vida repitiendo una y otra vez que fui recogida del río por nuestros padres, cuando aún no tenía un año y hasta ahora, grandes, cada vez que puede lo vuelve a repetir y lo encuentra gracioso el desgraciado.”

Suena el timbre, te levantas y lentamente vas hacia la puerta pensando: “Dios mío, ayúdame” y abres la puerta.
—Hola, hermana, ¿cómo estás? Vengo solo. María, como siempre, no quiso venir; estoy muerto de calor.
—Lástima, pasa y cámbiate en este dormitorio. Está rica la piscina. — le das un beso y lo acompañas a una de las piezas.

Regresas al patio, verificas con tu mirada el entorno de la piscina y luego vuelves a sentarte en la silla de playa. A los pocos minutos Jorge, en traje de baño, ingresa al patio y extiende una toalla de playa al lado de donde tú estás, y se sienta mirando hacia la piscina.
Te pones nerviosa, pues crees que mira mucho el cable eléctrico que se introduce en el agua, pero es sólo idea tuya. Luego de conversar un rato, ambos se levantan, Jorge se mete lentamente a la piscina y tú vas hacia donde está el tablero control de la bomba del filtro. Miras como nada y con una actitud firme y decidida conectas la palanca de alimentación de electricidad a la bomba.
Con increíble tranquilidad y satisfacción ves cómo el cuerpo de Jorge se convulsiona y luego queda flotando boca abajo en el centro de la piscina, el fusible del motor de la bomba salta interrumpiendo el paso de la corriente eléctrica, pero ya es demasiado tarde. Te sientes tranquila y con un gran alivio; nunca más te molestará. Lentamente entras a la casa y te diriges a la mesa donde está el teléfono. Abres el cajón, tomas el revólver, lo vuelves a dejar donde mismo, cierras el cajón, levantas el auricular del teléfono y luego marcas el número del teléfono de emergencia de Carabineros, el 133 y esperas…

Adaptación para dictado:

Sí, Conchita, lo has pensado y preparado durante mucho tiempo, no puedes fallar. ¿Cuántos años has estado esperando? Por fin te decidiste. Llamas a tu hermano por teléfono y le invitas a que venga a bañarse en la piscina para pasar el calor de esta ardiente tarde de verano. En traje de baño te sientas en una silla de playa y piensas: “Este infeliz, desde chica me ha amargado la vida”. Suena el timbre, te levantas. Es Jorge. Le dices: “Cámbiate en este dormitorio. Está rica la piscina”. A los pocos minutos, Jorge regresa en traje de baño y se sienta mirando hacia la piscina. Te pones nerviosa, porque crees que mira mucho el cable eléctrico que se introduce en el agua. Pero sólo es idea tuya...

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23/05/2008 GMT 2

Microrrelato

vlok @ 18:09

Autor: Gabriel García Márquez
Editorial: Recogido de Internet.

“... el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de la ventana la intimidad de sus vecinos, las pequeñas

tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre valía la pena de ser vivida”.

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09/05/2008 GMT 2

Ideas de un narrador sobre el final feliz.

vlok @ 13:40

Autor: Gianni Celati ("Narradores de las llanuras")
Editorial: Octaedro

El hijo de un farmacéutico estudiaba en el extranjero. Al morir su padre, volvió a casa para hacerse cargo de la farmacia y se convirtió en farmacéutico de un pueblecito de los alrededores de Viadana, provincia de Mantua.

En todo el pueblo se había extendido la fama de su sabiduría, por los rumores que corrían acerca de su inmensa biblioteca, de su prodigio remedio contra el dolor de oídos, de un método novísimo para regar los campos y de las doce lenguas que hablaba el farmacéutico, quien, entre otras cosas, según se rumoreaba, estaba traduciendo la Divina comedia al alemán.

El propietario de una lechería de la comarca decidió contratar al ya entonces maduro sabio para que ayudara a su hija en sus estudios. La muchacha, de hecho, al ser una apasionada deportista, iba mal en el colegio y, por otra parte, odiaba los libros, el latín y la buena prosa en lengua italiana. El farmacéutico aceptó, sobre todo por su pasión por el estudio, más que pos razones económicas, y a lo largo de todo un verano dio clases a la joven atleta.

Y ocurrió que un día la joven atleta se enamoró de él hasta el punto de abandonar todos sus actividades deportivas y ponerse a escribir poesías, versos en latín y, por supuesto, largas cartas.

Todavía se habla de un coche que el farmacéutico compró para la ocasión de sus largas correrías por el campo y, naturalmente, de sus citas nocturnas en un pajar.

En cualquier caso, la prueba de sus relaciones amorosas en aquellos últimos días de verano no se descubrió hasta el invierno siguiente, cuando las monjas del colegio de la muchacha encontraron un paquete de cartas, que fue debidamente entregado a sus padres. Al dueño de la lechería el contenido de esas cartas le pareció tan repugnante, que decidió arruinar al farmacéutico y echarle del pueblo para siempre.

Los hermanos de la muchacha, que pertenecían en aquel momento a las escuadras fascistas, saquearon la farmacia en la plaza del pueblo varias veces y, en una ocasión, golpearon a su propietario violentamente.

Parece, sin embargo, que estos acontecimientos no preocuparon mucho al farmacéutico. Durante un cierto período de tiempo siguió atendiendo a los clientes en la farmacia destrozada, entre cristales rotos, estantes derribados, tubos hechos añicos, hasta que un buen día cerró el negocio y se refugió en sus libros, sin salir de casa más que de forma ocasional.

Todo el pueblo sabía que estaba inmerso en sus estudios, y de vez en cuando lo veían pasar sonriente por la plaza e ir directamente a la oficina de correos para retirar nuevos libros que le habían llegado.

Poco después fue ingresado en el hospital, y, de allí, trasladado a un sanatorio. Permaneció durante muchos años en el sanatorio y ya nadie supo nada más de él.

El viejo estudioso salió del sanatorio muy delgado. Una sirvienta ya mayor, que había vuelto para cuidarle, se quejaba a todo el mundo de que nunca quería comer: decía que comer no le gustaba y se quedaba todo el día con sus libros.

El farmacéutico, cada vez más delgado, salía de casa cada vez menos y parecía no reconocer ya a nadie en el pueblo, ni siquiera a la hija del difunto propietario de la lechería, con la que se cruzaba algunas veces en la plaza. Sin embargo, sonreía a todo el mundo y se cuenta que saludaba a los perros que veía levantándose el sombrero.

Tras morir la sirvienta, dejó de alimentarse y prolongó el ayuno durante semanas; cuando le encontraron muerto (lo encontró un fontanero) era ya un esqueleto: de él sólo quedaba la piel ya acartonada, pegada a los huesos.

Estaba inclinado sobre la última página de un libro, en la que estaba pegando un tira de papel.

Años después, una sobrina heredó su gran biblioteca y, curioseando entre los libros, la sobrina creyó entender cómo había pasado el viejo estudioso la última parte de su vida.

Para este hombre, todos los relatos, novelas y poemas épicos tenían que acabar bien. Es evidente que no tolerada los finales trágicos, los finales tristes o deprimentes de una historia. Por eso, a lo largo de los años, se había dedicado a escribir de nuevo el final de un centenar de libros en todas las lenguas: insertaba hojitas o tiras de papel en los pasajes escritos de nuevo, transformaba las historias, dándoles siempre un final feliz.

Gran parte de los últimos días de su vida debió de dedicarlos a escribir de nuevo el octavo capítulo de la tercera parte de Madame Bovary, en el que Emma, la protagonista, muere. En su nueva versión, Emma se cura y se reconcilia con el marido.

Su último trabajo, sin embargo, es la tira de papel que tenía entre los dedos y que, ya muerto de hambre, estaba pegando en la última línea de una traducción francesa de una novela rusa. Es posible que éste fuese su trabajo más perfecto; en él, cambiando sólo tres palabras, transformó una tragedia en una buena explicación de la vida.

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04/05/2008 GMT 0

La apasionada historia de la margarita y la vaca.

vlok @ 17:57

Autor: Anónimo
Editorial: Teilerrak. Elorrio BHI

Estaba en el prado y la vió: hermosa, incitante, grácil, lujuriosa..
No pudo resistirse, se la comió.

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